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Mar 13, 2016 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en Un escritor argentino, tan valioso como olvidado: Daniel Moyano
Fuente: Clarín Sección: Cultura y Nación.
Reportaje a Daniel Moyano… un escritor que recomienza
Mi primer contacto con el escritor riojano Daniel Moyano[i] ocurrió en la habitación de una sombría pensión bonaerense de la calle Acuña de Figueroa, poblada de exiliados uruguayos, chilenos y bolivianos, ubicada espalda contra espalda con el Mercado de las Flores. Fue a través de un cuento notable caído en mis manos por casualidad, publicado en este Suplemento pocos días antes de que la represión obligara a Moyano a partir al exilio. El cuento se titulaba Golondrinas, y pintaba de forma conmovedora otra historia de pensión, en la que un hombre amparado apenas en el humilde calor de un “primus”[ii], sobrellevaba con dignidad su patético exilio interno. Aquella narración, que había llegado por piadoso azar con toda su potencia subjetiva directo al corazón, me llevó a su vez a conocer El trino del diablo, El estuche de cocodrilo, El vuelo del tigre entre las primeras lecturas y con esas obras introducirme en el mundo de uno de los escritores latinoamericanos más importantes de nuestros días.
Actualmente, y desde 1976, Daniel Moyano reside en Madrid. Fue allí, nuevamente por azar, entre largas caminatas nocturnas y boliches del viejo barrio de los Austria, donde ocurrió este encuentro en que el escritor se refirió a lo que vendrá luego de su última novela —Libro de navíos y borrascas—, al relegamiento de los intelectuales latinoamericanos en Europa y a la conciencia del lento desexilio que presidirá su segura vuelta a la Argentina.
Finalmente, hace unos días, Daniel Moyano se hizo acreedor al Premio Juan Rulfo por un cuento titulado El halcón y la flauta.[iii]
—La televisión española realizó un trabajo muy elogiado sobre tu vida y tu obra. ¿Cómo ocurrió esa experiencia?
—Se trató de la peripecia del exilio, entroncada con Navíos y borrascas, ya que en el libro, por más que no es autobiográfico, trato del exilio y sus motivos. Ahora, en la filmación se mezcló la vida real con la visión novelística. Fue algo así como un “cine-documento”, una película de una hora de duración que filmamos en Buenos Aires, en La Rioja y en Madrid. La película se exhibió en un programa muy visto en España, llamado Vivir cada día, y en su emisión ocurrió algo muy emotivo. Resulta que mientras se estaba emitiendo, la gente formulaba preguntas por una radio. Yo estaba precisamente allí en ese momento. En determinado momento la conductora del programa me preguntó si yo deseaba volver a la Argentina y le contesté que con cada exilio habla un desexilio y que por ahora este no había ocurrido, por lo que todavía no podía volver. Entonces, ella me preguntó: “Y si el pedido se lo hiciera el presidente Alfonsín, ¿usted volvería?”.
Le contesté que no sabía, pero dado como estaban las cosas le manifesté que creía que no. Entonces, para mi sorpresa, conectaron con Buenos Aires y habló Alfonsín. Para mí fue algo muy emotivo. Él se dirigió a todos los exiliados pidiéndonos que volviéramos. Dijo que nos recibirían a todos con los brazos abiertos y de fondo se escuchaban las estrofas del Himno Nacional. Recuerdo que unos argentinos llamaron en seguida desde Granada, pidiendo que repitieran las palabras del Presidente y el deseo fue satisfecho. Todo fue muy lindo, muy útil. Te diré que esa película fue en un principio pensada para Mario Benedetti, pero cuando se enteró del enfoque de Televisión Española —que quería narrar la experiencia de un exilio duro—, Mario dijo: “Bueno, mi exilio no ha sido tan duro. Creo que la persona indicada para esto es Daniel, que fue uno de los que la pasó peor”. Y así fue como se hizo. Benedetti sufrió las consecuencias, ya no del “ninguneo” sino de la agresividad de los intelectuales, hasta que debió despedirse con un artículo que tituló Cansancio y adiós, y dejar de escribir sus maravillosos artículos en El País, de Madrid. Con esto quiero mostrarte algunos ejemplos que refuerzan lo que decíamos sobre el relegamiento sufrido.
— ¿Cómo ves, desde aquí, el panorama de la narrativa argentina?
—La veo involucrada en el dolor de la recuperación. He estado leyendo a los más jóvenes y eso se refleja. Leí recientemente dos novelas excelentes, Nosotros las bestias, de Laura Krauz, y Soy paciente, de Ana María Shua. Se trata de dos trabajos que hablan del horror, sin nombrarlo; dos testimonios de gran literatura joven sobre ese genocidio terrible y absurdo.
En el caso de Laura Krauz, se habla de una fiesta interminable en la que todos esperan que llegue la Imago que los puede salvar y donde todo termina siendo trastocado. En la novela de Ana María Shua se trata la historia de un paciente que entra en un hospital por unos días, pero que no sale nunca más. Desde su lugar, el paciente va viendo cosas mínimas a su alrededor y que poco a poco van conformando imágenes del espanto, que por otra parte van dando pautas de lo que fue aquello y que aún sigue siendo, ya que los culpables todavía están siendo enjuiciados en una mínima parte.
— Hay quienes sostienen que “Navíos y borrascas” termina allí y otros afirman que habrá una continuación, una segunda parte, ¿cuál es la verdad?
—Mirá, sí, hay una continuación. La segunda parte prevista se llama Libro de caminos y de reinos. En realidad, cuando fui hace dos años a la Argentina para presentar Navíos y borrascas, yo ya tenía cien páginas escritas de la segunda parte.
— ¿Cuál es la materia prima en este tramo?
—No es otra cosa que la visión que me había dado no solo mi país, sino también todo ese conjunto de vivencias que hacen la vida, los recuerdos, la infancia. La distancia me había proporcionado una óptica para escribir esas cien páginas, pero cuando fui a la Argentina, la lente se me arruinó. De modo que al volver me encontré con que había perdido aquella óptica. Antes, por ejemplo, la Pampa era para mí algo envuelto en humo. Pero al ir realmente a la Pampa, ocurrió como si todo aquello se me “desenfantasmara”.
— ¿Cómo se tradujo esa óptica arruinada cuando llegó el momento de retomar el Libro de caminos y de reinos?
En el fondo, escribí Navíos y borrascas por error. Yo quería escribir otra cosa y me salió eso. Lo que deseaba en realidad, era escribir la segunda parte, la historia de un grupo de exiliados que se pasean por una calle de Madrid en una “bañadera”. Este era el tema de mi novela. De modo que para poder hablar de esta gente, me dije “bueno, no los voy a introducir de golpe en Madrid. Haré un capítulo brevísimo, donde contaré el viaje en ese barquito en el que llegan a Barcelona, para luego venirse hasta Madrid. Será el principio”. Bueno, ese capítulo “inicial” me llevó toda la novela. Escribí trescientas páginas para contar el viaje… y no llegué a meter la “bañadera”. Ahora, en la segunda parte sí, en las siguientes cien páginas, entró la “bañadera”. Y esta es la nueva óptica. Como te decía, se me desheló un poco el paisaje y las vivencias, pero ahora a dos años de la última vez que estuve en la Argentina —con todos los cambios de por medio—, he vuelto a recuperar gran parte de esa visión y he comenzado otra vez…
— ¿Qué has logrado en este intento?
— He logrado subir al último piso a uno de los personajes. Se trata de un viejo, un pintor. Y he escrito el primer capítulo de la segunda parte contando la forma en que suben a ese hombre que no puede caminar, por los escalones. El viejo va sufriendo transformaciones a medida que lo suben. En un primer momento es una bandera, una de esas que izábamos en las fiestas patrias y de la que tirabas y tirabas de la soguita y nunca terminaba de desplegarse. Recuerdo una vez en que yo llevaba media hora tirando y tirando y veía que el sol seguía dando vueltas a mi alrededor. Así es que lo van izando a este viejo hasta que deja de ser bandera, para convertirse en un santo de esos que llevan en procesiones por la cuesta del Portezuelo. Unos pisos más arriba el viejo que ya va en cuatro patas, es un caballo. Los otros ya se han cansado. Tiene una cabeza blanca, muy grande Por eso se dice que es un caballo de Paolo Ucello, que pintaba maravillosamente esos animales. El viejo es entonces un caballo que va subiendo con mucho ruido por las escaleras de ese edificio en ruinas. El ruido es tan grande que un niño se despierta, se asusta y pregunta: “Mamá, ¿qué pasa?” Y ella dice: “Nada. Es un caballo blanco que anda por las escaleras”.
En el siguiente tramo, el viejo es un barco y finalmente termina siendo un guardafaro, que era lo que yo quería. Así que cuando llega arriba, el guardafaro se asoma a la ventana y mira el mar de Madrid. Un mar compuesto de tejas, donde la Iglesia de San Francisco el Grande —detrás de la cual yo vivo—, es el palo mayor del barco. En cierto modo, el viejo ha vuelto al mar. Y este es el primer capítulo.
— Es de suponer que haber recibido el premio Juan Rulfo, estando en España en lugar de la Argentina, tiene para ti un significado especial…
—En realidad sí. Como te decía, el poder cultural español solo reconoce, generalmente, a los escritores latinoamericanos del boom e ignora sistemáticamente a los otros, que corren así la misma suerte de muchos escritores españoles talentosos, cuidadosamente marginados. Un ejemplo es el caso del difunto José Bergamín, que tras un largo exilio regresó a su patria y solo recibió silencio. Por eso, ganarse desde aquí un premio literario como el Juan Rulfo significa un poco salir de ese silencio punitivo y sentirse un poco más estimulado. Y aunque la prensa española, que responde a ese poder, no lo haya comentado, por lo menos lo sabe. Y eso es bastante en estas circunstancias.
El premio significa, económicamente, poder seguir escribiendo un año más. Y la alegría de que el premio lleve el nombre de un gran maestro, de un gran amigo.
— ¿Cómo sintetizarías el tema central de “El halcón y la flauta”, el cuento premiado?
—Trata de un músico que con una flauta mata a un Falcon verde.
Referencias:
[a] Mario Delgado Aparaín: (Florida, —Uruguay—n. en 1949) narrador, periodista y docente, de vasta e importante obra, reiteradamente premiada.
[i] Daniel Moyano (1930, Buenos Aires- 1992, Madrid). De niño su familia se trasladó a las sierras cordobesas, cuando joven viaja a la Ciudad de Córdoba donde estudia y trabaja como albañil, oficio del que no renegó nunca. En 1957 su colección de relatos Artistas de Variedades obtiene el concurso de la Editorial Assandri. En 1959 se traslada a La Rioja donde trabajó para el diario El Independiente e inició su carrera como periodista. En 1960 es el corresponsal de Clarín. Desarrolló una carrera musical como profesor y violinista del Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de Cámara en el Conservatorio Provincial de Música. En 1963 publicó su nuevo libro de cuentos: El rescate. Al siguiente año salió a la venta La Lombriz, donde se destaca el relato Los mil días. A comienzos de 1967 editó la novela Una luz muy lejana y meses más tarde obtuvo por El oscuro, el Premio de Novela Primera Plana – Sudamericana.
A fines de la década colaboró con diversos artículos para la Revista Primera Plana. En 1974 escribió la novela El trino del diablo.
A fines de marzo de 1976 fue detenido en su casa de La Rioja por las Fuerzas Armadas y luego de quedar en libertad se exilió definitivamente en España. Allí fue obrero en una fábrica de maquetas para poder subsistir.
En 1981 la Editorial Legasa, con sede en Madrid, publicó sus novelas El vuelo del Tigre y dos años más tarde Libro de navíos y borrascas. En 1985 obtuvo en París el Premio Juan Rulfo por el cuento Relato del halcón verde y la flauta maravillosa. A su actividad literaria se le fueron sumando talleres literarios, encuentros de escritores y cursos sobre literatura argentina en las universidades de Madrid, Cadiz, Móstoles y Oviedo.
En 1989 la Editorial Alfaguara publicó el que sería su último libro Tres golpes de timbal. Al año siguiente la novela recibió en Buenos Aires, el Premio Boris Vian. Moyano inició casi simultáneamente una relación con el diario madrileño El Mundo donde se desempeñó como crítico literario.
[ii] Referencia a una marca de tradicionales calentadores a querosén, que con el tiempo pasó a designar al objeto — es decir una palabra que deviene de sustantivo propio a sustantivo común—. Es un proceso lingüístico muy frecuente, como yilé, savora, coca [cola], cinzano… [Nota de El Baúl]
[iii] En realidad el cuento fue publicado con el título de Relato del halcón verde y la flauta maravillosa. Puede leerse en línea en http://www.cervantesvirtual.com/portales/universidad_iberoamericana/obra-visor-din/el-halcon-verde-y-la-flauta-maravillosa/html/7360516e-a0fc-11e1-b1fb-00163ebf5e63_2.html
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