Última Actualización octubre 18th, 2022 8:09 AM
Abr 09, 2016 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en Una síntesis de la novela de David Viñas sobre la patagonia rebelde
Normalmente EL BAÚL NACIONAL carece de copete, pero hoy haremos una excepción: ahora que en Mendoza se ha puesto de moda el nepotismo, en EL BAÚL no queremos quedarnos atrás… y así como aparece un hermano en una Secretaría, un primo en una asesoría, una tía en una comisión notable, hemos hallado este artículo bibliográfico sobre Los dueños de la tierra de David Viñas —que ficciona sobre los hechos históricos de la gran huelga patagónica de la década del ’20—perteneciente a un antecesor familiar de nuestro jefe espiritual Hugo De Marinis. Asimismo, si el lector lo prefiere, al gesto se lo puede considerar como una decadente genuflexión del cronista. Fuera de esta chocarronería, el análisis es serio y profundo.
Desde hace algunos años, un buen racimo de jóvenes escritores y poetas argentinos rezuma creación de contenido social, inclinados “a los personajes desamparados y sufrientes”, que se ensañan “con los otros”, pintan “ángeles y demonios, según el método de la literatura tendenciosa”, para decirlo con los términos burlones y despreciativos de un crítico literario de La Nación.
De este racimo se destaca con perfiles netos David Viñas. Y ello se debe a su firme vocación artística evidenciada en realizaciones que, a partir de 1955, van desde la novela hasta el cine; en el apasionamiento volcado en cada una de sus obras; en un estilo que tiene su sello personal; en su responsabilidad para profundizar en la psicología de los personajes de cada una de sus novelas; en su militancia en la corriente de la “literatura de desenmascaramiento”, “sincera y cruel”, concepción estética que puede ser motivo de discrepancia y discusión —y lo será seguramente— pero digna de respeto.
Este último libro de Viñas es un jirón de historia argentina, novelado con calidad artística que ha madurado mucho, valentía ideológica y pasión militante.
A través del doctor Vera, indiscutible y cabalmente logrado personaje central, es clara la intención militante: las experiencias de gobierno del radicalismo enseñaron que el legalismo, “las autoridades constituidas”, de nada sirven frente al poder omnímodo de los grandes capitales, su brazo armado, ambos llevados de la oreja por tenazas extranjeras…
Pienso que el radicalismo y su experiencia es la preocupación central de David Viñas. Y creo más. Seguramente, a través de Los dueños de la tierra, el autor quiere alertar a los actuales gobernantes. Más precisamente, parangonar. Y a fe que los hechos se obstinan en hacerlo. Aun sin este supuesto puede el lector, sin mucho esfuerzo establecer la relación histórica, pues es indudable que Viñas indagó profundamente en el problema social y político de aquella época, y conoce el actual.
Los Bond, Brun, que después de impune y “gloriosa” campaña de bárbaras mutilaciones y asesinatos de indígenas se transforman en ricos criadores de ovejas, brutales explotadores de peones y esquiladores; el comandante Baralt, brazo ejecutor de la matanza de Santa Cruz, su ayudante Varrón, Corral y su negra guardia blanca, son los puros castrenses, celosos guardianes del “orden establecido”. Todos, tan pocos (ellos sí que reciben órdenes foráneas) y que hace tanto tiempo mandan, explotan, retrasan, odian y acrecientan el odio de tantos que trabajan, son los “demonios” de Los dueños de la tierra.
El doctor Vera, enviado plenipotenciario de Irigoyen, porteño liberal característico de la época, radical “hasta los huesos”, optimista, sensible al dolor popular, respetuoso de la justicia, valientemente ingenuo, o mejor ingenuamente valiente, creído de que “La política se hacía con hombres, con amigos, no con sociedades anónimas…” “Y en eso consistía la política: amistades; muchos amigos, conversar, conseguir ‘votos, hacerse querer por la gente, conocer de memoria sus nombres y parientes, llegar a ser diputado, saludar a otra gente por la calle, sonreírse y batirse si alguien jorobaba...”. Yuda, anarquista, de personalidad desbordante, audaz, firme en sus convicciones, cáustica y despreciativa con el orden imperante, aguijón esclarecedor de su futuro compañero el doctor Vera. Carrero, el imprentero, que cuando le empastelaron la imprenta decía: “Yo creo que todo esto responde a un plan muy particular… A un plan para desprestigiar al gobierno de don Hipólito… No es porque sí...” Míguez, un muchacho lugareño, sobrio, fiel y solidario. Pons, parricida fugado de la cárcel, que, entre muchos obreros, es quien, ofrendando su vida, detiene el asesinato a mansalva de la larga fila que iba cayendo a manos de Varrón y salva la vida de un dirigente obrero perseguido. El chileno Muñoz, el indio Caliqueo, con sus rasgos peculiares, Vileta, Davonich, Hernández, etc., trabajadores con más o menos conciencia de clase, ansiosos todos de condiciones modestamente decentes de vida y trabajo, confiados en la justicia y el triunfo de sus aspiraciones, derrotados y reprimidos salvajemente, están pintados más con sus defectos y debilidades que con sus virtudes. Todos ellos “ángeles” y “personajes desamparados y sufrientes”.
Es cierto que hubo y hay Stokera en el movimiento obrero. La ambición egoísta de mando, de ser dirigente, es una realidad humana, desgraciadamente. Y es cierto también que tal debilidad es acompañada generalmente por la cobardía, la traición en última instancia. También es verdad que hubo y hay obreros que sólo sienten y piensan lograr un bienestar más o menos modesto con el menor esfuerzo posible, y no ir más allá. Hubo y hay dirigentes como Soto; humano, sí, ni muy elocuente ni muy combativo, también; que cuando lo conmueve un conflicto de la envergadura del de Santa Cruz, o bien puede sentirse vencido, o bien buscar otra oportunidad para proseguir su lucha.
En la novela hay asomos de solidaridad de clase, de compañerismo, de camaradería, pero no más. Seguramente la influencia del anarquismo en aquellos tiempos, explica tan poco de positivo, en alguna medida. Pero yo creo que la objetividad de la novela se resiente a causa de la conclusión a que obliga la caracterización y actuación de los trabajadores que hace el autor.
La matanza de Santa Cruz, como la Semana Trágica, fue un hecho histórico del movimiento obrero argentino, doloroso pero no desesperante: aleccionador.
Triunfos y derrotas jalonan la maduración de los trabajadores. La conciencia, la organización, crecen constantemente. En fin, “la nobleza espiritual de los luchadores proletarios” es lo que predomina, lo que se impone a pesar de todo, Y ello se debe a que la lucha de la lucha de la clase trabajadora en todo el mundo lleva implícito el sello de la justicia.
Los comunistas sostenemos que la concepción de la vida, de la sociedad, de la ciencia del arte; que la realización en todos los órdenes de la actividad humana, deben tener como fin la afirmación optimista del hombre, su presente de lucha por un mundo feliz y su futuro de plenitud social y de íntegro desarrollo de la personalidad humana.
Si creo que se resiente la objetividad de la novela, es porque entiendo que la innegable sinceridad y crueldad del autor merecen el complemento de lo constructivo, del optimismo rebelde.
No se puede negar que “hay algo podrido en Dinamarca”. Pero es cierto que la amargura, en todo caso, es lo pasajero, lo eventual, más propiamente dicho. El optimismo —en cuanto veraz y consciente—, origen y causa de las luchas de la clase trabajadora, es lo permanente.
“Vicente miró hacia adelante; desde el fondo de la ría avanzaba una chalana, el viento y el oleaje la hacían bambolear. Era la de ellos, la que los iba a transportar hasta el barco. Era chata, de borda muy baja, pintada con un amarillo vibrante y en la popa flameaba una bandera inglesa”. Así termina la novela. Y este final, simbólico, explica muchas cosas.
Nuestra historia y nuestra actualidad tiene sus riquezas a disposición de los jóvenes autores. Y David Viñas ha sabido aprovecharlo con esta novela que es una digna amalgama de arte-ficción y realidad histórica.
Esta novela es una de las especialmente recomendadas por el Jurado del Concurso Internacional de Novelas Editorial Losada 1958.
Fuente: Horacio De Marinis, Los dueños de la tierra, por David Viñas (Ed. Losada, Buenos Aires, 1958, 286 págs.) en Revista Bimestral Cuadernos de Cultura, Buenos Aires, julio-agosto 1959, Nº 42. Dirección: Héctor P. Agosti,
Jun 25, 2017 Comentarios desactivados en Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios
Nov 13, 2016 Comentarios desactivados en Diario Los Andes y la primera guerrilla en Tucumán
Jul 02, 2017 Comentarios desactivados en Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II
Jun 12, 2017 Comentarios desactivados en Felipe Guaman Poma, un cronista de Indias sin pelos en la lengua, ni en el buril
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 El...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 por...