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Sep 18, 2016 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en La necesidad de vender la Argentina
En estos últimos años se ha venido notando un interés creciente por conocer a la República Argentina. En esta época, de poderosos medios de difusión, el hombre quiere poseer ideas claras sobre las realidades que encierran los países y acerca de los problemas relativos a su geografía, a su organización política, a su desarrollo económico y social, y a su cultura.
La República Argentina es un estado situado en América del Sur, de raigambre hispanoamericana, muy alfabetizado y con alto nivel de cultura. Todavía es un crisol, entendiendo por tal la fuerza con que recibió y asimiló a poblaciones venidas de diferentes países.
Su idioma es el español, y la inmensa mayoría de sus habitantes profesa la religión católica, que es religión oficial del Estado, en un marco respetuoso de la libertad de cultos, sin discriminación alguna, como lo garantiza su Constitución Nacional. Su régimen de gobierno es republicano, representativo y federal. Su unidad monetaria es el peso, y tiene vigencia en el país el sistema métrico decimal. El voto es secreto y obligatorio para todos, hombres y mujeres mayores de dieciocho años, y esta es la edad, asimismo, para que los ciudadanos presten el servicio militar obligatorio.
En cuanto a su estratificación y composición social, no hay duda que, con el auge de la industrialización y los avances de la educación y la cultura, la Argentina es el país más homogéneo de América Latina. No existen en su territorio resabios coloniales ni feudales, y la tierra se explota cada vez más con métodos modernos, por lo menos en las áreas de mayor desarrollo. No hay grupos étnicos marginados, ni grandes zonas de miseria.[ii]
Todos los habitantes tienen acceso a la educación, y los medios de comunicación masiva, como el periodismo, la radio y la televisión cubren el territorio nacional.
La previsión social está muy adelantada. El sistema nacional de jubilaciones y pensiones es, en general, eficiente, y las asignaciones de la clase pasiva se ajustan automáticamente a los aumentos que se producen en el nivel general de los salarios.
Un dato más a tomar en cuenta: tiene el producto bruto interno per cápita más alto de los países del subcontinente, pues asciende a 1.700 dólares, según estimación para 1976.
Es, pues, un país de predominante clase media, y pugna por alcanzar al mundo industrializado y por incorporarse de lleno a la revolución científica y tecnológica de nuestro tiempo. No hay duda que alcanzará esta meta en el lapso de la presente generación.
La tradición internacional de la Argentina es de amistad con todos los pueblos del mundo. Nunca hizo una guerra de conquista contra sus vecinos, y se siente en estrecha solidaridad con los países hermanos de América Latina.
Geográficamente, la Argentina está situada en el hemisferio occidental y en el llamado “hemisferio oceánico”, o sea, el austral. Es un país muy extenso, el segundo en tamaño de América del Sur, después de Brasil, y si consideramos todo el Continente, ocupa el cuarto lugar, después de Canadá, Estados Unidos y Brasil. Totaliza 4.027.024 km2 de superficie, cifra importante si se tiene en cuenta que la superficie total de Europa [iii]es de 10.204.314 km2 .
El territorio argentino se integra por una parte continental, donde vive la inmensa mayoría de sus habitantes, un sector antártico, que llega al Polo Sur, y una serie de islas australes. Contemplada en el mapa, la parte continental tiene una forma extremadamente vertical, pues su territorio es mucho más largo de norte-sur (3.700 km) que de oeste-este (sobre el paralelo 27°31’, o sea en la parte más ancha, alcanza a 1.423 km), de tal modo que mientras el extremo norte, caliente y húmedo, llega a las inmediaciones del Trópico de Capricornio, su vértice meridional, muy afinado, se acerca a las regiones polares. Después de la isla Grande de Tierra del Fuego, el país se prolonga en el sector del continente antártico, y entre una y otra parte, el collar de islas oceánicas, así como el Archipiélago de las Malvinas (11.718 km2, que emerge de la plataforma continental argentina, frente a la costa patagónica.
El territorio de la Argentina tiene fronteras naturales, como son la Cordillera de los Andes (4.441 km) y la marítima, apenas inferior, y fronteras convencionales.
La frontera occidental con Chile es la más extensa y se apoya sobre el rasgo más prominente del relieve, o sea, las altas cumbres. La atraviesan dos líneas férreas, un túnel, caminos carreteros y aéreos.
La frontera con Bolivia es convencional (765 km), aunque por tramos se apoya sobre rasgos naturales del terreno (ríos Bermejo, San Antonio). Las rutas tradicionales que vincularon al Alto Perú con el territorio argentino, pasaron por los valles Calchaquíes, a Quebrada del Toro y la Quebrada de Humahuaca, por la que hoy asciende el ferrocarril que llega hasta la ciudad boliviana de La Paz. Modernas rutas y aviones unen a ambos países. La frontera con Paraguay se desarrolla desde Esmeralda a Puerto Iguazú (1.570 km), sobre los cursos de los ríos Pilcomayo, Paraguay y Paraná. Además de la vinculación natural por los cursos navegables establecen la necesaria comunicación las vías férreas, carreteras y líneas aéreas regulares.
La frontera con el Brasil es una frontera fluvial, salvo en un pequeño tramo. Mide 1.079 km. El puente internacional entre Paso de los Libres y Uruguayana establece una eficiente vinculación.
En cuanto a la frontera con el Uruguay (875 km}, también es fluvial, pues los ríos vinculan sólidamente a ambos países. Poblaciones gemelas mantienen relaciones permanentes, y Buenos Aires y Montevideo, sus capitales, situadas en las márgenes del Río de la Plata, se desempeñan como cabeceras, unidas por una frecuencia de más de cuarenta servicios diarios de transporte, que incluyen combinados fluviales, terrestres y aéreos.
En cuanto al relieve, nuestro país tiene caracteres de extrema variedad, Al oeste, corre la joven e imponente Cordillera de los Andes, cadenas de montañas presididas por la alta y serene majestad del Aconcagua (6.958 m), Paisaje desigual, labrado a fuego, que penetra en nuestro territorio por el norte, y lo recorre con su orla nevada, a todo lo largo de la frontera occidental, que en buena parte sirve de límite con Chile. Las altas cumbres, donde el viento lleva agujas de nieve, se alterna con valles y con ríos serpenteantes, que se deslizan con la doble dulzura de la música y el riego.

Al este y al centro del territorio se extienden las llamadas pampas, llanuras que ofrecen, según las regiones, paisajes muy peculiares. En la llanura chaqueña, la pura e ilimitada fuerza de los bosques tropicales y un clima cálido pero soportable; en la Mesopotamia, llanuras enmarcadas por los grandes ríos colectores, que fertilizan a su paso; en las regiones mediterráneas, a veces extremadamente secas, la obra del hombre, concretada en realizaciones hidráulicas importantes, para luchar contra el fantasma de la falta de agua y de energía, Y, por fin, la llamada pampa húmeda, llanuras feraces, reino de las mieses y de los ganados, y de “los hombres a caballo”, enriquecida desde hace décadas y cada vez más, por las altas chimeneas de sus industrias. Hacia el sur del río Colorado, desde la Cordillera hasta el Atlántico, se ubica el macizo patagónico, con relieve de mesetas escalonadas, hábitat de la oveja y de la soledad, antes tierra trágica y misteriosa, y hoy en proceso de transformación para ser el polo de progreso que se espera de ella. Por fin, hacia el Océano Atlántico, la costa. La República Argentina tiene costas marítimas de un desarrollo aproximado de más de 3.000 km y, sin embargo, parece vivir de espaldas al mar. Las playas de la llanura bonaerense son bajas y arenosas, y algunas de ellas, como Mar del Plata, están consideradas balnearios de turismo internacional. Más al sur, el litoral patagónico, en cambio, es abrupto, cortado a pique sobre el mar, formando grandes acantilados.
El relieve submarino se prolonga bajo la superficie, y la plataforma continental argentina se extiende formando cuatro escalones, involucrando a las Islas Malvinas,
La Argentina presenta un declive general hacia el Atlántico, y es natural que la cuenca de ese océano tenga un desarrollo mucho mayor que la cuenca del Pacífico, a la que pertenecen algunos ríos de la Cordillera de los Andes (zona patagónica), cuya desembocadura se halla en territorio chileno.
Desaguan en el Atlántico los grandes ríos del sistema del Plata, los pequeños sistemas de la Provincia de Buenos Aires, el sistema del río Colorado, los ríos de la Patagonia y de Tierra del Fuego. Tiene también la República cuencas que no desaguan al mar y, muy a menudo, se pierden en bañados o se insumen en arenales, como los ríos de la Puna, de las Sierras Pampeanas y otros. La cuenca más importante es la del Plata, por su valor económico, de comunicaciones y de riego, Es un eje fluvial, formado por ríos caudales o colectores, como el Paraná y el Uruguay que al unirse dan origen al Río de la Plata.
La cuenca de este complejo hidrográfico es enorme y el Río de la Plata es, paradójicamente, pequeño frente a ella. Tiene 222 km de ancho en su desembocadura y 287 km de largo, afectando la forma de un gran embudo, con una superficie de 35.000 km2. Su gran anchura y su escaso declive ocasionan la formación de un delta, continuación del Delta del Paraná, con todo el material en suspensión que traen los ríos colectores desde las entrañas de América. Los bancos localizados en su lecho afectan la navegación en el Río de la Plata, y obligan al dragado continuo, con el fin de mantenerlo apto, pues está considerado uno de los ríos de mayor tráfico comercial en el mundo.

Respecto al clima, aunque una reducida parte de su norte se engalane con las esencias tropicales, y el extremo meridional se sumerja en las aguas del Antártico, el centro de la República goza de un maravilloso clima templado, que favorece la variada producción agropecuaria y ha sido factor importante para la rápida adaptación de las corrientes inmigratorias europeas que llegaron en las últimas décadas del siglo anterior. Esta inmigración, numéricamente importante, determinó un fenómeno demográfico singular en América Latina: la Argentina es un país de población casi enteramente blanca.[iv]
Por la región más habitada, acostumbra a verse a nuestro país en su totalidad como un país templado. Se lo identifica con la pampa húmeda, pero hemos visto que, por su extensión longitudinal extraordinaria, el cuadro climático es mucho más complejo.
Sin embargo, no hay duda que la zona templada es la parte vital del país actual. En ella viven más de las tres cuartas partes de la población; de ella proviene la casi totalidad de los recursos económicos que actualmente se explotan, y allí se encuentran las principales ciudades, y entre estas, Buenos Aires, Capital Federal de la República, la ciudad de lengua española más importante del mundo.

Referencias
[i] Eufemismo que alude seguramente a la recientemente instaurada dictadura cívico-militar, por la cual el texto está tomando partido.
[ii] El lector atento habrá distinguido entre el presente párrafo y el anterior una sucesión de afirmaciones que resultan de alto impacto oratorio pero que se apartan de una mirada crítica de la realidad, o directamente de la verdad, como es el caso de la referencia al sistema electoral en un momento histórico donde estaban cercenados todos los derechos cívicos y políticos.
[iii] Aquí hay un indicio acerca de cuál es el destinatario ideal que presume el texto y cual su criterio: el eurocentrismo.
[iv] He aquí otra inserción de contenido eurocentrista, de alto rango racista y falsificador de la realidad social nacional.
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