Última Actualización octubre 18th, 2022 8:09 AM
Oct 16, 2016 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en Los cuentos de don Verídico
Hombre que supo ser negro, aura que dice, Perinolo Susurro. Muy negro, él. Casau con Respetuosa Vidurnia. Blanca ella.
Se conocieron en una de esas noches tan oscuras, que usté un suponer priende un fóforo y no se le ve la llama. Y si no lo priende, menos.
Ricién al otro día, cuando venia clariando, Rispetuosa lo vio y se dio cuenta que era negro. Pa no molestarlo al hombre, agarró y fue y no le dijo ni palabra.
Perinolo carculó que en un redepente la mujer no lo había notau, y pa no levantar la perdiz siguió como si tal cosa, hablando de cualquier bobada, menos de colores.
Años ennoviados, un día se casaron. Ella seguía sin prosiar de la cuestión, pa no ofender.
—Usté —le decía una vecina a la mujer—, y desculpe, tendría una noche de éstas que agarrar y decirle, como al pasar, “negrito querido”, pa ver como reaciona.
—No señora. Cada cual, es dueño de su cada cual. Si el hombre es negro, él sabrá. Perinolo era negro en todos lados, menos en su rancho. Y le gustaba.
Un día, pa la tardecita, mateaba en la cocina rodeado de pollos que le picoteaban los flecos de las alpargatas, de mientras la mujer pelaba unos choclos pal puchero. A lo lejos cantaban las ranas. Al ratito se levantó viento y dentró una polvareda al rancho, que hasta los pollos tosieron. Fue cuando la mujer comentó sin mirarlo a Perinola ni nada, dijo:
—Parece que tenemo tormenta.
A Perinolo le relampaguearon los ojos y casi se atora con el mate. Cansau de que al llegar a cualquier sitio la gente hablara de tormenta, se le antojó que la mujer lo había dicho por él. La idea se le ganó abajo de las motas, y allí se quedó, dando güeltas. Tomó otro par de mates, y con la escusa de dir a buscar tabaco enderezó pal boliche El Resorte.
Cuando llegó, taban la Duvija, el tape Olmedo, Tulipano Careo, y Salisilato Tilún. Dentró, saludó, y se acodó en el mostrador. El tape Olmedo, mamao por unanimidá, al verlo comentó: sin maldá, pero lo dijo:
—Si seguimo así, en este boliche cualquier día vamo a tener hasta comunista.
Perinolo, sin escuchar, se mandó al buche una caña y pidió la otra. La Duvija lo vio preocupáu, y se le arrimó.
—¿Cómo anda, don Perinolo?
—Ya lo ve, doña; negriando un poco.
—No haga caso, don Perinolo, que aquí, el que más el que menos, parece hecho con sorgo.
A las diez cañas dobles, el hombre contó que le parecía que la mujer también se había dado cuenta de que era negro.
Dijo que ya ni en las casas podía estar tranquilo. Que era una disgracia, dijo.
El tape Olmedo se disculpé, lo invitó con otra doble, y por ahí salió diciendo que él sabía una mezcla de yuyos, pa blanquiar negros.
—Si usté es gustoso, don Perinolo —le dijo—, podemo probar.
Perinolo dijo que bueno, y allá salió el tape a juntar yuyos. Volvió, los machacó bien con una piedra pa que largaran el jugo, les entreveró tela de araña macho, pelo de gato barcino, poroto de tantear al truco, molido, media botella de caña, y se lo dieron a tomar.
Pasaban las horas, y Perinolo seguía clavau en negro. Por la madrugada, nervioso, porque no había espejo ni vidrio de ventana, prieguntó si lo veían blanquiar. Pa consolarlo, le dijeron que sí. Que pa las manos no había alcanzau el menjunje, pero que de cara ya andaba cerca e lo rubio.
Perinolo, loco e contento, llegó al rancho con el sol alto.
La mujer matiaba en la cocina, entre los pollos.
Perinolo se paró en la puerta, con las manos en los bolsillos, y va y le dice:
—¿Qué te parece, mujer? ¡Marido blanco tenés ahora! Dende hoy, soy blanco pa todo el mundo!
La mujer lo miró, se cebó otro mate, espantó los pollos, y le dijo:
—Güeno, Perinolo, anda a dormir tranquilo, que de aquí a las elecciones, si hay, tenés tiempo pa pensarlo mejor.
Hombre enamorau de los colores, aura que dice, Nostálgico Amano.
Pa ver la salida del sol antes de que empezara a salir, se trepaba a la punta de un ucalito, con brasero, mate y pava.
A ocasiones los pájaros lo picoteaban todito porque les enllenaba los nidos de humo.
Cuando el sol dentraba a coloriar por el filo de la lomita, Nostálgico Amano solía deslomarse contra el suelo de la emoción. Pa no tener que estarlo levantando todas las mañanas, la mujer, Hermética No, dos por tres subía y lo ataba de una rama.
Un día, de mientras Nostálgico estaba atado, mirando al sol ya pintón, ella aprovechó pa dirse con un tropero. Como a los tres días lo desató un vecino.
Nostálgico Amano quedó como ido. Enamorau de las colores, eso sí, pero en gris.
Una güelta, en el boliche El Resorte, lo quisieron agarrar pal chorrete con la cuestión de los colores.
Taban la Duvija, el tape Olmedo, Idéntico Aveno, Odioso Lirio, Sufrido Charco y Monolítico Suave, hablando de la vida y el corazón y tomando unos vinos, cuando miran así y ven venir a Nostálgico Amano.
A los tropezones venía el hombre, como abombau y triste por el asunto de la china y por mirar florcitas y churrinches.
A lo que lo vieron venir, va el tape Olmedo y pinta en la paré una mujer, sentada en una silla. Silenciosa la pintó. Le quedó igualita. Dispués fue y le arrimó una mesa.
Dentró Nostálgico Ameno, saludó, y atracó al mostrador. Pidió una botellita de vino y se acodó. La Duvija fue que le dijo:
—¿Cómo anda, don Nostálgico?
—Estrañando la mujer. Sólo, uno es naides.
Fue cuando el tape Olmedo tropezó con la mesa que estaba contra la paré. Miró la pintura, y fuerte, pa que Nostálgico oyera, va y dice:
—Desculpe, moza.
Nostálgico mosquió pa ese lau. Vio a la mujer de la paré contra la mesa, agarró la botella de vino, pidió otro vaso, y fue y se le sentó enfrente.
La miró un rato. Dispués sirvió pa los dos, y dentró a prosiar bajito, como cuadra al hombre que habla de lo suyo.
Nostálgico, meta prosa, terminó el litro y pidió otro. Le contó su vida. Que era hombre de trabajo dende chico, que aura andaba triste y solito, cargau de ternura sin un destino, y que así no era vida porque cuando uno entra a ver gris —le dijo—, se hace gris.
Si le habrá prosiau de lujo, que pa la madrugada se la llevó pa las casas.
Él, se diba sacudiendo ricuerdos. Ella, la cal de la paré.
Hombre que supo ser camorrero, aura que dice, Prometido Saña, el mayor de los Saña, sin contar al viejo Saña,
Crestiano de mala bebida, pa pior, no podía tomar ni mate que ya salía atropellando gente. No lo hacía por molestar, pero tenía eso.
En los velorios, un suponer, solía saludar a los dolientes con el pucho en la mano, y la brasa pal lau de apretar. Si el otro gritaba, él le salía conque hay que hallar un consuelo y que estamos de paso. Habiendo mujeres, no lo peliaban por rispeto al difunto.
En el velorio del finau Boletín Quejido, que se murió una noche cuando mamau se durmió con la cabeza metida en la cancha e bochas, y se la confundieron con una rayada, cayó Prometido Saña. Arrimau al cajón, se persinó, y dijo que cuando uno ve venir a un crestiano, lo ve de frente, pero cuando lo ve dirse lo ve de espaldas. Y agarró y puso al finadito boca abajo.
Otra güelta, va y se topa con bruta luz mala. Muy goloso pal cuchillo, en vez de disparar le hizo frente. Ella le llevó la carga, y él la partió de un hachazo. En lugar de una, tenía que seguir peliando con dos luces malas. A lo que siguió partiendo, cada vez eran más. Cuando eran muchas, y chiquitas, las arrinconó contra la raíz de un ombú, y las apagó patiándoles tierra.
No había andau ni media legua, cuando va, y ve a una fantasma. Sentada en una piedra la fantasma. Media como dormida. Quietita. Se le arrima con el caballo al tranco, Prometido, nervioso el flete, y cuando la tuvo a tiro le descargó el rebenque por el lomo. Pegó un salto esa fantasma, que el caballo, con el susto, lo dio contra el suelo. Se paró el hombre, echó mano a la cintura, pero había perdido el cuchillo entre los pastos. El caballo disparó pa una loma. Prometido disparó pal boliche El Resorte. La fantasma atrás, lo traía cortito.
Tomando unos vinitos, mamados por unanimidá, estaban la Duvija, el tape Olmedo, Testimonio Fofo y Sinquerer Pocilga, cuando oyeron los gritos de Prometido que llegaba con los talones chicotiándole la rabadiya.
Dentró, saludó, trancó, respiró, y empezó a tapar rendijas, porque cualquier abombado sabe que la fantasma se cuela. Se coló por abajo e la puerta.
—¿Qué le anda pasando, don Prometido? —prieguntó el tape Olmedo mientras le hacía punta a un palito.
—¡La fantasma, que me persigue!
—¿Cuála fantasma? —prieguntó Testimonio Fofo.
—Cuála, no sé. Una blanca.
—¿Ánde la encontró? — prieguntó el tape Olmedo, sin dejar de hacerle punta al palito.
—Por ahí nomás, sentada en una piedra.
—Fantasma sentada en piedra —señaló la Duvija—, es incapaz de meterse con naides. Salvo que la haya toriado, porque usté, y desculpe, es muy capaz.
—Pa nada la torié. Me asustó el caballo, y me sacó calzau la maldita.
—¡Miente! —gritó la fantasma parada en una barrica e yerba.
Fue un disparramo, que el gato, de un salto, se colgó de una mortadela, y hasta las arañas se escondieron por los rincones.
El único que quedó en su sitio, fue el tape Olmedo. Dejó el palito arriba del mostrador, tragó el buche de vino que tenía demorado en la boca, la miró fijo a la fantasma, y fue y le dijo:
—¿Cómo dijo?
—¡Que miente esa persona! ¡De a traición me ha bajau el rebenque en el lomo!
Se dio güelta, y se le vio clarito la marca e la lonja en la sábana.
El tape Olmedo pidió otro vaso, la invitó con un vino, y comentó:
—Ahí tienen ¿ven? Así es como hacen mala a una fantasma que no se mete con naides De acosada, dentra a asustar al genterío, cuando si a mano viene podría ser hasta una compaña pal que anda solo por los campos y no tiene con quien echar una prosa. Pero no; le dan chicote y dispués se andan lamentando, hablando pestes de la pobre. Abajesé de la barrica. Sirvansé otro vinito, doña fantasma.
Se pescó un metejón con el Tape Olmedo, que los agarró el sol alto a los dos, tpmando vino.
Eso que la fantasma con el sol se da poco.
Referencias:
[i] “Julio César Castro (1934) Uruguayo, nacido en Montevideo. Humorista y autor de libretos para radio y TV. “Jueca” es el seudónimo con el que suele ocultar su identidad.” Texto perteneciente a la sección de presentación de Autores de la publicación. En el mismo se deslizan dos datos polémicos: el año de nacimiento y el sobrenombre; con respecto a este último es una evidente errata de imprenta por su acrónimo: Juceca (Julio Cesar Castro). Para ampliar y actualizar datos puede consultarse https://es.wikipedia.org/wiki/Julio_C%C3%A9sar_Castro
[ii] “Para Ilustrar este número se han utilizado trabajos de Alejandro A. Pérez Becerra. Este artista argentino, nacido en Mar del Plata, obtuvo con una de sus tintas una mención en la Primera Exposición del Centro de investigaciones en Comunicación Masiva, Arte y Tecnología de la ciudad de Buenos Aires (CICMAT). De formación autodidacta, Pérez Becerra inventa, con el espontáneo juego de sus líneas, un mundo a mitad de camino entre la realidad y el sueño, donde lo cotidiano crece con naturalidad hasta tornarse mágico”. Texto perteneciente a la sección de presentación de Autores de la publicación. Para actualizar datos sobre el artista: http://www.interarteonline.com/Alejandro_Perez_Becerra.htm
Jun 25, 2017 Comentarios desactivados en Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios
Nov 13, 2016 Comentarios desactivados en Diario Los Andes y la primera guerrilla en Tucumán
Jul 02, 2017 Comentarios desactivados en Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II
Jun 12, 2017 Comentarios desactivados en Felipe Guaman Poma, un cronista de Indias sin pelos en la lengua, ni en el buril
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 El...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas Eduardo PaganiniBaulero Últimas entradas de Eduardo Paganini (ver todo) Una mirada sobre la literatura regional cuyana (I) - julio 9, 2017 Para mersas y gente bien: chau Landrú - julio 9, 2017 Aimé Painé, portavoz de los pueblos originarios II - julio 2, 2017 por...