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Oct 18, 2015 Ramón Ábalo La Pata Semanal Comentarios desactivados en San Rafael: Mujeres en prisión “libres por la palabra” (II)
La Liga Argentina por los Derechos del hombre, filial San Rafael, por iniciativa de la compañera Teresa Oliveri, lleva adelante el Taller Literario «Libres por la Palabra» en la cárcel de San Rafael. «La palabra, dice Teresa, escrita u oral es curadora y ayuda a enfrentar los problemas cotidianos con mayor entereza. En el caso de las internas/internos, con trozos de sus vidas destruidas la literatura les puede acercar la posibilidad de encontrar a quienes pasaron por lo mismo que ellos, quizás puedan hablar del dolor desde su dolor, quizás pueda armar con sus pedazos destruidos una mujer u hombre nuevo. En fin, el lenguaje sirve como puente para establecer vínculos y relaciones con nuestros semejantes».
Cuentos escritos en forma comunitaria que sea como una frase generadora, con una historia leída o una palabra al azar. Todas aportan ideas:
CÓMPLICES
Chapa y cartón en los tachos, perfume a paraíso, madreselva y olor a leña quemada, un perro que ladra, una moto que no arranca pero el llanto del niño tapa cualquier otro sonido. En el patio de una humilde vivienda una niña con apenas seis años, sentada en el suelo, come, como el mejor manjar, puñados de tierra. Su papá se ha ido a trabajar y María consuela su soledad mientras se oculta de su abuela que se ha ido a tender la ropa y que no podrá reprenderla.
Desorientado el perro se aleja de María, se echa un poco más allá y la observa desde lejos.
No abuela, estoy haciendo tortitas. Mirá…-
-Qué tortitas ni tortitas, tenés la boca sucia –
Al escuchar su nombre el perrito se acerca.
Doña Sonia con pasos cansados, toma la mano de María y la lleva al piletón, varias veces al día repite esta rutina desde que su madre se fue y la niña quedó a su cargo.
Demasiado trabajo para una vieja -piensa- pero al ver a la nena que la mira con ternura su fuerza se renueva.
No le cuente abu, si ya sabés que fue Tobi –
– El Tobi, el Tobi, a otro perro con ese hueso –
La abuela sonríe llena de ternura, sabiendo de su picardía, pero el aroma del puchero que ya casi está, la vuelve a la realidad y mientras pone la mesa escucha la moto.
Hola mi princesa, cómo anduvo todo, que rico olor… puchero, cómo me conocés vieja –
Cuatro sillas pero una vacía desde hace mucho. El amor se palpa en el pan recién horneado, en el calor de las leñas, y en los ojos de María que sabe que su abuela jamás la delatará.
APOCALIPSIS
Puse el azúcar al fuego para preparar caramelo mientras tomaba mate con yerba saborizada, dejé el cigarrillo cerca de la ventana y el humo se fue confundiendo con el cielo gris, demasiado gris. De repente me llamó la atención una noticia que pasaron en la radio, me quedé enganchada escuchándola pero el olor a azúcar quemada me volvió a la realidad. Apagué el carrillo.
En ese momento escuché: «Una extraña nube se extiende por la ciudad».
-¡Nube? ¡Vivi, vení a ver esto!
Vení ahora, escuchá lo que dicen en las noticias –
Y eso qué es?- preguntó mi hija mientras seguía dando la teta.
Decime vos, qué te parece?-
-Algo se está quemando, o estarán quemando cubiertas, capaz que hay un piquete –
En ese momento desde el Servicio Meteorológico escuchamos:
Bueno, si ya llegó a la ciudad nosotros estamos en el medio de la cosa. Me preocupan los chicos que están en la escuela – digo encendiendo el cigarrillo que no me iba a furmar.
Buenos mamá, pero no los van a dejar salir. Voy a hablar a la escuela – .
Qué hablar, ya los voy a buscar! –
Me subí a la moto y casi a ciegas guiándome por los árboles del camino, esquivando lava ardiente avancé con un grito nacido del alma, dejé de escucharme cuando aquella bola de fuego me alcanzó irremediablemente.
Esa casa en el piedemonte mendocino, fue soñada por la familia a pesar de saber que tenía la desventaja de la distancia con la ciudad. Vivi acostó al bebé y cerró las ventanas, sin embargo a través del vidrio pudo ver que la ropa colgada desaparecía, como si el alambre fuera una mecha de dinamita. Un extraño ruido se impuso en la casa silenciosa y como si fuera una película, vio pasar en tropel los rebaños huyendo del fuego. Cerró las cortinas como si ese gesto la aislara de la realidad, sin embargo alcanzó a ver a la distancia las construcciones que asemejaban a antorchas encendidas. En ese instante la puerta se abrió bruscamente y el Tobi gimiendo y como premonición de lo que iba a suceder, convertido en una bola de fuego corrió desesperado incendiando todo a su paso.
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