Última Actualización agosto 15th, 2026 2:48 AM
Oct 21, 2017 Federico Mare Recomendada Comentarios desactivados en Santiago el occiso y la navaja de Ockham
Escribo estas líneas con urgencia. Es la urgencia del dolor que se vuelve indignación, la urgencia de la bronca y el espanto que estallan en denuncia, y que para ser más eficazmente denuncia intentan transitar el camino –hoy viacrucis– de la reflexión política más allá de la noticia policial.
No quiero hacer una necrológica de Santiago Maldonado. No quiero redactar su obituario. Quiero pensar su muerte. Quiero pensarla críticamente, a contramano del pensamiento único.
Escribo invocando el numen del filósofo León Rozitchner, el padre antípoda del gurú Alejandro. Su ensayo Los desfiladeros de la memoria será mi antorcha en esta noche sin luna que parece no tener fin.
“Los asesinos […] cuentan con la marca imborrable que han dejado: quieren que lo más importante –el horror sentido– no pueda ser pensado. Cuentan con su procesión interna, con la herida indeleble que han dejado abierta en los cuerpos de sus contemporáneos. Saben que el terror pasivo, no enfrentado, se hereda y se extiende por los corredores subterráneos de los cuerpos”.
Quiero pensar mi horror sentido. Voy a enfrentar mi terror, hacerlo activo. No pensar, no escribir, no publicar, sería darme por vencido, claudicar, bajar los brazos. Aquí y ahora, todo silencio es sumisión.
Siempre supimos que había sido una desaparición forzada a manos de Gendarmería, en el contexto de una violenta represión ilegal contra la comunidad mapuche de Cushamen (véase mi columna La desaparición de Santiago y la reaparición del terror). Lo supimos desde un principio, gracias al testimonio de testigos oculares, y pese a tantos palos en la rueda, ocultamientos de evidencia y pistas falsas sembradas por doquier.
Y ahora, autopsia mediante, sabemos con certeza (hasta ayer lo sospechábamos), que Santiago está muerto. ¡Muerto! El circo del encubrimiento, la maledicencia y la autovictimización se cae a pedazos. La mentira tiene patas cortas, al menos esta vez…
Aunque no tan cortas, pensándolo bien. La farsa duró 81 jornadas, e incluyó –entre otros episodios rocambolescos– una caza de brujas que quedará para siempre en los anales argentinos de la infamia: la campaña fascistoide Con Mis Hijos No (para mayores precisiones, léase mi columna La política de la «antipolítica»). Ojalá tengamos pronto un Arthur Miller que disipe, con las luces del teatro alegórico, las tinieblas de tanta psicosis colectiva contra la libertad de enseñanza en las escuelas.
La prensa hegemónica se pregunta si se trató de un accidente, un suicidio o un homicidio… El proceso pericial llevará varios días más, hasta que salgan a la luz todos los resultados de los estudios complementarios. Pero en el ínterin tendremos que votar.
La disyuntiva es muy clara: teorías conspirativas a medida de la conveniencia del poder, o bien, navaja de Ockham al servicio de la verdad y la justicia. De un lado, elucubraciones retorcidas y paranoicas, especulaciones maliciosas y delirantes, nacidas del oportunismo más abyecto. Del otro, el sano principio metodológico de parsimonia, atribuido al célebre escolástico inglés: la explicación más simple es la más probable.
Hacer un inventario más o menos exhaustivo de las teorías conspirativas en danza sobre la muerte de Santiago es, sin exagerar, un descenso al inframundo. No tengo el coraje de un Orfeo o un Eneas para emprender ese viaje a las profundidades más sórdidas del alma humana. Carezco de la impasibilidad y paciencia suficientes para adentrarme en tanta estulticia, en tanta mendacidad, en tanta perversión, en tanto maquiavelismo, en tanto odio…
Sirva esta «ingeniosa» versión, difundida ad nauseam por el periodismo mercenario y las hordas de trolls, a modo de botón de muestra: RAM, una banda de indigenistas sicarios «K» asistida desde el extranjero por organizaciones mafiosas, terroristas o guerrilleras de lo más variopintas (narcos colombianos, partisanos kurdos, ISIS, ETA, IRA, etc.), le habría «tirado el cuerpo» a Macri para beneficiar a la oposición. Sin palabras… Si la escatología de la Divina Comedia fuese verídica, quienes pergeñaron y propagaron ese factoide tan disparatado y ruin se han ganado ya un pasaje –merecido– a la Antenora del noveno círculo del infierno, la zona que Dante reserva a quienes engañan con malevolencia a sus compatriotas.
En esta hora tan difícil, tan amarga, tan oscura, me aferro con convicción a la razón, al pensamiento crítico. A la verborrea capciosa de la impunidad hay que combatirla con la navaja de Ockham, con el principio de parsimonia. A la barbarie del neoliberalismo, hoy encarnada por el macrismo, hay que oponerle la ética de los derechos humanos, en las urnas y en las calles.
Mañana, cuando entre al cuarto oscuro, no olvidaré que a Santiago lo mataron, que fue víctima del terrorismo de estado, que su muerte constituye un crimen de lesa humanidad. No tengo dudas de que su deceso fue producto de una ejecución arbitraria o extrajudicial, tal como la tipifica el Protocolo de Minnesota: “privación de la vida como consecuencia de un homicidio perpetrado por orden del gobierno o con la complicidad o tolerancia de éste, incluyendo igualmente los fallecimientos durante la detención o prisión como consecuencia de tortura, malos tratos o de falta de tratamiento médico o de otro tipo”.
Hecha la autopsia, y descartadas –al parecer– varias causales de muerte (golpiza, impactos de bala, heridas de arma blanca, quemaduras, etc.), los primeros trascendidos apuntan a que la muerte de Santiago habría sido por ahogamiento, pues se encontró gran cantidad de agua en sus pulmones. ¿Lo ahogaron ex professo? ¿Le aplicaron el suplicio del submarino y «se les fue la mano»? ¿Lo arrojaron inconsciente al río para que se muriera? ¿Se rehusaron a socorrerlo cuando vieron que la extenuación le impedía mantenerse a flote? Ojalá lo sepamos algún día, y ojalá ese día sea pronto. Pero hay un cúmulo de indicios que hacen altamente improbable, inverosímil, que la muerte de Santiago no se encuadre en alguna de las variantes precitadas de ejecución extrajudicial previstas por el Protocolo de Minnesota.
Claro que el gobierno, y la prensa que le es adicta (Clarín, La Nación, etc.), dirán que Santiago se ahogó solito, cruzando de modo estúpido, suicida, un río Chubut que se les antojará más ancho que el Plata, más profundo que el Congo, más frío que el Neretva y más torrentoso que el Santo Domingo (la bellaquería es inmune a las evidencias). O sugerirán –otra vez sopa– que lo ahogaron los mapuches «terroristas» cumpliendo una orden secreta del kirchnerismo corrupto o la izquierda extremista. La falacia de demonización y la falacia de autovictimización siempre han sido, y serán, dos caras de una misma moneda.
Vuelvo a León Rozitchner. Recorro una vez más Los desfiladeros de la memoria. Nunca sentí tan vivo su pensamiento desde que murió hace seis años. Su vigencia, su potencia, su fecundidad, me maravillan.
“La memoria es un hecho colectivo: hay que construirla materialmente con los cuerpos marcados que han quedado vivos. Por cada cuerpo asesinado se necesitan miles de cuerpos que actualicen en la memoria la vida de quienes la perdieron por hacer lo que nosotros debemos continuar ahora. […] Todas las tumbas permanecen vacías y abiertas mientras permanezca el poder que se apoya en la muerte para dominarnos”.
Habrá que luchar y rememorar. Habrá que rebelarse.
Santiago fue ejecutado, su crimen fue político y el gobierno nacional es culpable (por dar la orden, por encubrir, o por ambas cosas). Sólo falta saber los detalles: cuándo y cómo le arrebataron la vida, quiénes son los autores materiales, qué hicieron luego con su cuerpo, etc. Pero antes habrá que cumplir el deber ciudadano de votar. En lo que mí respecta, no olvidaré que hubo un liberticidio. Que la sangre de nuestros mártires sea –parafraseando a Bartolomeo Vanzetti– la simiente de nuestra libertad.
Ene 28, 2018 Comentarios desactivados en Rafael Nahuel: “Tiraron varias veces a matar”
Dic 17, 2017 Comentarios desactivados en Jubilaciones: una “contrarreforma” temeraria
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en Cáncer de Mama, maternidad y lactancia: entrevista a la Lic. María del Pilar Carbone
Jul 02, 2022 Comentarios desactivados en San Rafael: Cura prófugo más cerca de la justicia
Oct 02, 2022 Comentarios desactivados en ¿Cómo les fue a las principales empresas argentina en los últimos años? Ventas, rentabilidad y costos laborales
Acerca de Últimas entradas Federico Mare Últimas entradas de Federico Mare (ver todo) Federico Mare: El día que conocí a Ramón Abalo - noviembre 11, 2021 Mendoza: del lencinismo al peronismo (1918-1955) - noviembre 7, 2021 Mendoza: Del terremoto al fin del régimen oligárquico (1861-1918) -...
Sep 02, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal: análisis de los ingresos, gastos y resultados del Sector Público Nacional – Datos a julio de 2022
Jul 27, 2022 Comentarios desactivados en Informe fiscal de junio 2022: menores gastos en subsidios y mayores en obra pública
Jul 26, 2022 Comentarios desactivados en ¿Qué pasó con el cuerpo de Evita?
Acerca de Últimas entradas Federico Mare Últimas entradas de Federico Mare (ver todo) Federico Mare: El día que conocí a Ramón Abalo - noviembre 11, 2021 Mendoza: del lencinismo al peronismo (1918-1955) - noviembre 7, 2021 Mendoza: Del terremoto al fin del régimen oligárquico (1861-1918) -...