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Oct 30, 2015 Eduardo Paganini El Baúl Nacional Comentarios desactivados en Tato Pavlovsky y el psicodrama III
Fuente: Revista Lo Grupal Nº 6 Editorial: Búsquedas
Psicodrama analítico. Su historia. Reflexiones sobre los movimientos francés y argentino
Autor: Eduardo Pavlovsky
Lugar: Buenos Aires
Fecha: mayo de 1988
Widlocher distingue en los grupos de niños la improvisación lúdica de la improvisación dramática, señalando que en los grupos de niños de 5 a 10 años se juega a imitar personajes (improvisación lúdica) pero la imitación en este caso se satisface a sí misma, sin más progresión y propuesta dramática, mientras que en el juego psicodramático la finalidad no es la imitación, sino la fidelidad al tema elegido y la realización de ciertas secuencias dramáticas, donde hay progresión en la acción dramática y complemento de los roles asignados.
En este último caso la asunción de roles definidos o designados obliga a una creatividad desde el rol, respetando la secuencia y evitando la anarquía, diferente de la espontaneidad creadora.
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Nuestra experiencia en relación a la calidad de los psicodramatistas es muy variada, pero pareciera que las mejores condiciones psicodramáticas (teniendo en cuenta la sensibilidad, empatía, capacidad de identificación, insight y plasticidad dramática) generalmente las hemos encontrado entre los integrantes de los grupos, más comúnmente que entre los miembros del equipo terapéutico, seguramente estos últimos más ligados a la formación psicoanalítica ortodoxa. Incluso muchos actores, que supuestamente tendrían que tener más plasticidad para dramatizar, también se han visto “perturbados” por su “rol profesional” y demasiado exigidos a “dramatizar bien”.
En los grupos terapéuticos nuestros, donde por características de la técnica de la multiplicación dramática, generalmente todos los integrantes tienen oportunidad en la sesión de realizar alguna escena, nos hemos visto sorprendidos por la alta capacidad creativa expresiva de algunos pacientes. Son aquellos que pueden “hablar desde los diferentes lugares de la escena”.
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Según Anzieu, la eficacia del psicodrama es simbólica: “El simbolismo del psicodrama es de naturaleza especial, las relaciones de los seres humanos se organizan en estructuras particulares análogas a la de los mitos. La función de los psicodramatistas es actualizar esos mitos privados y otorgarles, a través de la representación, existencia concreta encarnada en varios personajes, para que puedan tomar conciencia (mito familiar) de ellos de modo reflexivo. El grupo psicodramático permite la exploración de nuevos mitos y ensayarlos le permite revisar el mito personal o familiar al tomar el lugar de las personas que lo encarnan en la escena.”
Moreno inventó las intervenciones de los yo auxiliares para evitar que el paciente se instale en la satisfacción narcisística y megalomaníaca de una representación en la que el universo se plegaría a sus deseos. Ese diálogo entre los sujetos y los yo auxiliares, diálogo de acciones y de situación tanto como de palabras, asume aquí la función simbólica asignada a la palabra plena en el psicodrama individual.
En relación al tema de la descentralización de los mitos, decíamos con Luis Frydlewsky (1980), que una de las ventajas de los grupos psicodramáticos en adolescentes era que el espacio grupal se convertía en un lugar de cotejo y encuentro de nuevas ideologías familiares; en ese sentido por lo intermedio, el grupo tiene a veces el valor de matriz de ensayo de nuevas conductas y es, a la vez, un lugar de cotejo y encuentro de nuevas ideologías familiares, donde los argumentos y/o mitos se descentran a través del cotejo con otros múltiples mitos familiares.
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A menudo, dice Anzieu, el espacio psicodramático puede particularizarse de diferentes maneras. Está próximo a lo que Winicott llamó espacio transicional. La actividad psicodramática apunta, entre otras cosas, a reconstruir el área transicional (al hacer entrar al sujeto en la representación y al entrar en su juego los psicodramatistas favorecen en él procesos de desidentificación y de reidentificación) y a restaurar la capacidad de simbolización y de creatividad, a devolver al sujeto la confianza en la vida y en sí mismo.
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Lebovici, Diatkine y Kestenberg describen los fenómenos de interferencia y resonancia en los grupos de psicodrama. Sobre la interferencia: “La exteriorización por un sujeto de una actitud perturbadora moviliza en los otros sus mecanismos de defensa específicos contra esa actitud.”
La resonancia se refiere al hecho de que un mismo afecto sentido al mismo tiempo por todo el grupo corresponde en cada uno de sus miembros a contenidos latentes distintos, es decir a problemas ligados con momentos distintos de su historia.
“De todos los efectos del grupo estudiado, la resonancia es en el psicodrama analítico el más importante, sobre todo si se lo considera ya no desde los afectos sino de simbolismo. Una de las ventajas de la representación dramática es que el simbolismo de la acción puede tener para cada participante un significado personal particular.
”Así, no es indispensable constituir un grupo de niños con los mismos problemas; el arte de la composición de los grupos consiste más bien en reunir sujetos que puedan entrar en resonancia fantasmática entre ellos y cooperar en el trabajo mutuo de simbolización.
Nosotros en nuestros comienzos formamos grupos de niños de diagnóstico clínico semejante (asmáticos, epilépticos, enuréticos) pero después intentábamos incluir cada uno de estos niños en otros grupos donde los diagnósticos fueran diferentes, teniendo la misma experiencia que lo que Lebovici relata como fenómeno en la resonancia[1].
Un fenómeno especial en la dinámica de grupo con psicodrama que observamos fue el que definimos como impregnación.
Llamo impregnación al efecto que una dramatización inicial en un grupo produce entre los demás integrantes y siempre es posterior a la dramatización. En general hemos observado que los primeros comentarios que surgen después de una dramatización son todavía realizados “desde la escena” y desde alguno de los personajes de la escena dramatizada, fenómeno que Grimberg definía como contraidentificación proyectiva. Lo interesante, desde este punto de vista, es que por más personal que sea el comentario realizado por los integrantes después de la dramatización, siempre está hablando “desde la escena”, desde los afectos de alguno de los personajes presentes o ausentes. La escena lo implica. Lo que convoca al grupo es la escena. Cada uno con su historia tendrá diferentes puntos de vista (Martínez) sobre la escena. Esto es lo que Rodrigué define como eje del psicodrama. Se tiene en cuenta la escena, que no es ni el individuo ni el grupo.
En la escena dramatizada estaban inscriptas como posibilidades esas lecturas o nuevas dramatizaciones (multiplicación dramática). Del texto escrito al texto dramático.
Lo que convoca la fantasmática individual es la escena en el grupo. Comprender la escena y la implicación en la escena de cada integrante es la especificidad de la terapia dramática grupal.
Esto es lo que definimos como concepción dramática de la psicoterapia, que va más allá del individuo o del grupo. Esta es la concepción del psicodrama analítico de la escuela argentina, nuestra más clara especificidad, que va más allá de la polémica psicodrama-psicoanálisis. En este sentido nosotros hemos estado menos dependientes del psicoanálisis que los psicodramatistas franceses, lo que en un nivel nos ha permitido ver fenómenos que van más allá del psicoanálisis. La creatividad, por ejemplo, desde Moreno hasta nosotros, no entra en ninguna concepción psicoanalítica habitual y ha sido un instrumento dramático específico desde donde nosotros hemos inferido muchas de nuestras conclusiones. En ese sentido nos hemos enriquecido más con otras vertientes, como las de Umberto Ecco y R. Barthes, que tal vez con cualquier teoría psicoanalítica previa en nuestras últimas conclusiones.
Yo creo que la escena dramática es un campo increíblemente atractivo para investigar en psicología. Moreno y sus seguidores aportaron su genialidad, algunos analistas aportaron también, pero falta mucho más que no es Moreno ni el psicoanálisis y que va más allá de los dos.
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Sobre los mitos en los grupos de niños, Widlocher afirma que a través del tema recreado en el juego escénico, cada niño descubre su historia, pero elevada a la categoría de mito, con los diferentes papeles que implica la situación mítica; los niños penetran su sentido simbólico, aprendiendo tal o cual papel, invirtiendo los mismos, repitiendo un tema bajo formas diversas, se “liberan” de su “posición” de la que se creían “poseedores” o “poseídos” y pueden transformar lúdicamente una historia de actores repetidores de una letra invariable a ser sujetos capaces de variar o modificar su “destino”.
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Sobre el ejercicio de los papeles el mismo autor sugiere algo importante para tener en cuenta en la clínica y es en relación a la técnica de la inversión de roles: “Puede que ocurra que a través de tomar la posición del otro, se liberan nuestros conocimientos del prójimo, de las proyecciones de que los revestimos, pero algunas veces el protagonista al realizar la inversión de roles no se libera de la proyección con que carga o inviste el papel del otro, sino que lejos de tener una rectificación de mi proyección al asumir el lugar del otro el psicodrama nos demuestra hasta qué punto podemos modelar al otro con nuestras imágenes. Lo importante no es describir cómo puede sentir o pensar el otro, en ese caso, sino percibir la dificultad de ponerse en su lugar debido a la proyección con que se lo carga.
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Sobre la capacidad lúdica y dramática. (Pavlovsky-Frydlewsky)
En nuestro trabajo en grupos terapéuticos de adolescentes damos mucha importancia a la capacidad imaginativa del adolescente y hemos llegado incluso a sugerir una fórmula clínica dinámica de carácter pronóstico.
Después de los primeros meses de tratamiento el adolescente, incapaz de dramatizar, nos sugiere una idea de mal pronóstico terapéutico, del diagnóstico previo, e inversamente el adolescente capaz de dramatizar (dramatizar, no actuar) nos sugiere un buen pronóstico terapéutico independientemente del diagnóstico previo clínico asignado en entrevistas individuales o familiares.
Sobre coterapia dramática dice Basquin que la pareja debe respetar la regla de abstinencia debido a que debe mantenerse en el campo analítico y limitar sus vivencias al registro imaginario, no solo frente a los pacientes, sino también en las relaciones que se entablan entre ambos.
“Extraña pareja la terapéutica cuyas satisfacciones son marcadas por el sello de una carencia.”
Para Anzieu, en cambio, no tiene ninguna importancia el tipo de vínculo real que existe entre los coterapeutas (pueden ser incluso marido y mujer). Lo importante es un nivel de buena complementariedad, común ideología terapéutica y mutua confianza.
La mayoría de los autores franceses han insistido en la pareja coterapéutica hombre-mujer.
Hoy podemos pensar que una pareja coterapéutica no necesita ser de sexo diferente.
Pensamos que, a veces, el postular la necesidad de dos sexos diferentes supone subestimar la gravitación de la fantasía inconsciente en la determinación del comportamiento grupal.
Muchas veces, coterapias integradas con terapeutas del mismo sexo, no impide para nada la explicitación de la fantasía de la pareja de los padres. Si no que, al contrario, permitía complementarla con los parámetros de otras fantasías alusivas, por ejemplo conflictos generacionales o a la disociación entre lo bueno y lo malo, etc. (Abadi, Pavlovsky, Kesselman).
Nosotros, en terapia grupal adolescente, trabajamos con 3, 4 ó 5 terapeutas, sobre un grupo de 10 ó 12 integrantes. En nuestras coterapias no hay director y yo auxiliares, como en el psicodrama de Moreno, sino “funciones” de dirección y yo auxiliar, que deben ser jugadas por cada terapeuta alternativamente.
Nota: Las anteriores partes de este texto pueden consultarse en las ediciones del 17 y 24 de octubre de 2015 de La Quinta Pata
Referencias: [1] R. Bermúdez-C. Martínez-E. Pavlovsky, “Evaluación de las diferentes técnicas terapéuticas, con psicodrama y psicoterapia de grupo a través de ocho años de labor institucional”, 6th International Congress of Psychotheray, Londres, 1964. Selected lectures, Nueva York, Basilea.
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